En un mundo que cambia tan rápido, aprender también es innovar
La tecnología cambia a una velocidad que hace difícil prever qué herramientas utilizaremos dentro de unos años. Nuevas aplicaciones aparecen, determinados procesos se automatizan y la inteligencia artificial está modificando la forma en la que trabajamos.
En este escenario, las organizaciones no solo necesitan incorporar nuevas tecnologías. También necesitan que las personas que forman parte de ellas puedan evolucionar al mismo ritmo.
Innovar no consiste únicamente en desarrollar o incorporar nuevas soluciones. También significa estar dispuesto a aprender, cuestionar la forma en la que hacemos las cosas y descubrir nuevas maneras de trabajar. En un mundo que cambia tan rápido, aprender también es innovar.
Cuando lo aprendido deja de ser suficiente
Durante mucho tiempo, adquirir unos determinados conocimientos podía ser suficiente para desempeñar un trabajo durante años. Una herramienta se aprendía, un proceso se dominaba y esa experiencia se convertía en una base sólida para desarrollar una actividad profesional.
Hoy, ese conocimiento sigue teniendo valor, pero necesita convivir con una realidad diferente. Las herramientas evolucionan, los procesos cambian y aparecen nuevas posibilidades que pueden modificar incluso la forma en la que entendemos determinadas tareas.
Esto no significa que la experiencia pierda importancia, al contrario. El conocimiento adquirido permite comprender mejor los problemas y tomar decisiones con criterio. Pero se necesita algo más: la capacidad de actualizarse.
Aprender no significa empezar de cero
Cuando aparece una nueva tecnología, es habitual pensar que hay que aprender algo completamente nuevo. Sin embargo, muchas veces el aprendizaje consiste en incorporar nuevas capacidades sobre los conocimientos que ya existen.
Una persona que conoce un proceso en profundidad puede utilizar una nueva herramienta para mejorarlo. Un profesional que entiende las necesidades de una organización puede encontrar nuevas formas de resolverlas gracias a la tecnología. La innovación surge precisamente de esa combinación.
No se trata de sustituir lo que sabemos, sino de descubrir qué podemos hacer con ello cuando incorporamos nuevas posibilidades.
La inteligencia artificial acelera el cambio
La llegada de la inteligencia artificial está haciendo todavía más evidente la necesidad de mantener una actitud de aprendizaje continuo. Herramientas capaces de generar contenidos, analizar información, automatizar tareas o asistir en diferentes procesos están entrando rápidamente en las organizaciones.
Bien es cierto que su incorporación plantea preguntas que van mucho más allá de cómo utilizar una determinada aplicación: ¿Qué tareas tiene sentido automatizar? ¿Cómo debemos supervisar los resultados? ¿Qué información podemos proporcionar? ¿Qué decisiones deben continuar dependiendo de una persona?
Aprender a utilizar inteligencia artificial no consiste únicamente en conocer sus funcionalidades. También implica aprender a trabajar con ella de forma responsable y crítica. Y ese aprendizaje puede abrir nuevas formas de hacer un trabajo que ya conocíamos.
La innovación también puede empezar con una pregunta
¿Podríamos hacerlo de otra manera?: Cuestionar un proceso que lleva años realizándose de la misma forma puede ser el primer paso para mejorarlo. Analizar una tarea que consume demasiado tiempo puede llevar a automatizarla. Escuchar a quienes utilizan un servicio puede revelar una necesidad que hasta entonces no se había detectado.
En este sentido, aprender también significa observar, preguntar y estar dispuesto a cambiar aquello que ya damos por hecho.
Las organizaciones también tienen que aprender
Una organización que quiere innovar necesita generar las condiciones para que sus equipos puedan hacerlo. Esto implica facilitar formación, compartir conocimiento, fomentar la colaboración y permitir que las personas conozcan y experimenten con nuevas herramientas.
También significa aceptar que no todos los cambios funcionan a la primera. Probar una nueva forma de trabajar, analizar los resultados y corregir lo que no funciona forma parte del aprendizaje de cualquier organización.
La innovación no es un momento concreto, es una capacidad que se construye con el tiempo.
El talento no consiste en saberlo todo
Existe una idea muy extendida de que un buen profesional es aquel que domina completamente su área de conocimiento. Pero en un entorno que cambia tan rápido, quizá sea más importante otra característica: saber reconocer lo que todavía no se conoce y tener capacidad para aprenderlo.
Nadie puede dominar todas las tecnologías que aparecen ni anticipar cuáles serán relevantes dentro de cinco años. Lo que sí puede hacer una organización es desarrollar equipos preparados para adaptarse cuando llegue el momento.
La curiosidad, el pensamiento crítico, la capacidad de análisis, la creatividad y la disposición para aprender pueden resultar tan importantes como el conocimiento técnico.
Del aprendizaje individual al aprendizaje colectivo
Compartir experiencias, documentar procesos y favorecer la colaboración permite que el aprendizaje individual tenga un impacto colectivo. De esta manera, una organización no solo incorpora nuevas tecnologías, aprende a utilizarlas mejor.
Aprender para estar preparados para lo que todavía no conocemos
Es imposible saber qué tecnologías serán protagonistas dentro de unos años. Probablemente algunas de las herramientas que hoy consideramos imprescindibles serán sustituidas y aparecerán otras que todavía no imaginamos.
Por eso, intentar preparar a una organización únicamente para una tecnología concreta puede no ser suficiente. Prepararla para seguir aprendiendo y evolucionando sí puede serlo.
Tecnología y personas deben avanzar juntas
En Aeioros Servicios entendemos que la transformación tecnológica no puede separarse de las personas que deben hacerla posible. Incorporar nuevas soluciones requiere conocer la tecnología, pero también comprender los procesos, las necesidades de la organización y las capacidades de los equipos que van a utilizarla.
Por eso, acompañar una transformación significa también facilitar la adaptación y el aprendizaje necesarios para que la tecnología pueda integrarse realmente en la forma de trabajar. Y en un mundo en el que todo cambia cada vez más rápido, aprender no es solo adaptarse al cambio, también es una forma de innovar.