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La inteligencia artificial no necesita sustituir profesionales para cambiar su forma de trabajar

La inteligencia artificial no necesita sustituir profesionales para cambiar su forma de trabajar

Durante los últimos años, buena parte de la conversación sobre inteligencia artificial ha girado alrededor de una pregunta: ¿Qué trabajos podrá hacer una máquina en el futuro?: La cuestión es comprensible, las capacidades de estas herramientas han crecido rápidamente y cada vez pueden realizar tareas que hasta hace poco parecían exclusivamente humanas. 

Pero quizá exista otra pregunta mucho más cercana: ¿Cómo está cambiando ya nuestra forma de trabajar la inteligencia artificial, incluso cuando no sustituye a nadie?: La respuesta se encuentra en muchas de las tareas que forman parte del día a día de una organización: buscar información, redactar un documento, analizar datos, responder consultas, generar contenidos o automatizar determinadas acciones. 

En definitiva, la IA no tiene que ocupar el lugar de una persona para transformar su trabajo.

El cambio puede estar en una tarea

Una de las grandes transformaciones que introduce la inteligencia artificial no consiste necesariamente en eliminar puestos de trabajo completos, sino en modificar algunas de las tareas que los componen.

Un profesional puede seguir siendo responsable de redactar un informe, pero utilizar una herramienta de IA para organizar información previa. Puede continuar tomando una decisión, pero disponer de sistemas capaces de analizar grandes cantidades de datos antes de hacerlo. El trabajo sigue existiendo, lo que cambia es la manera de llegar al resultado.

Esta diferencia es importante porque permite entender la inteligencia artificial no únicamente como una tecnología que sustituye, sino también como una herramienta que puede ampliar las capacidades de quienes la utilizan.

Cuando una tecnología permite automatizar determinadas tareas, el valor del trabajo puede desplazarse hacia otras actividades. Si una herramienta puede procesar información en segundos, quizá el tiempo de un profesional pueda dedicarse a interpretar los resultados.

Si puede generar una primera versión de un documento, la persona puede concentrarse en revisarlo, aportar contexto y tomar las decisiones necesarias.

Si puede responder consultas sencillas, los equipos pueden dedicar más tiempo a aquellas situaciones que requieren experiencia, empatía o capacidad de análisis.

La tecnología puede hacer más cosas, pero eso no significa que todas las decisiones deban dejar de pasar por las personas.

Comprender qué puede hacer una IA es solo una parte del aprendizaje. También hay que saber qué preguntarle, qué información proporcionarle, cómo comprobar sus resultados y cuándo no utilizarla.

La pregunta no debería ser "¿qué puede hacer la IA?"

Antes de preguntarnos qué puede hacer la inteligencia artificial, las organizaciones deberían preguntarse qué problema quieren resolver. Plantearse cuestiones como las siguientes: ¿Existe un proceso demasiado lento? ¿Una tarea repetitiva que consume recursos? ¿Una gran cantidad de información difícil de analizar? ¿Una atención que podría mejorarse?

Solo después tiene sentido valorar si la IA puede aportar una respuesta. Incorporar una herramienta porque está disponible no es transformación digital. Encontrar una forma de utilizarla para resolver mejor una necesidad concreta sí puede serlo.

El factor humano no desaparece

La inteligencia artificial puede analizar, generar, clasificar o automatizar, pero hay decisiones en las que el contexto importa tanto como la información disponible. Comprender las necesidades de una persona, valorar las consecuencias de una decisión, asumir responsabilidades o determinar qué solución es la más adecuada requiere algo más que capacidad de procesamiento.

Por eso, la llegada de la IA puede hacer que determinadas capacidades humanas cobren todavía más importancia. Pensamiento crítico, creatividad, comunicación, experiencia y capacidad para tomar decisiones no desaparecen porque exista una herramienta capaz de generar una respuesta. 

Aprender a trabajar con una nueva herramienta

La incorporación de inteligencia artificial también plantea un reto para las organizaciones: sus profesionales necesitan aprender a convivir con ella. Será necesario comprender sus posibilidades, sus límites y la forma adecuada de integrarla en los procesos.

Una transformación que también necesita responsabilidad

Cuanto mayor sea la capacidad de una herramienta, mayor debe ser también la responsabilidad con la que se utiliza.

La protección de la información, la privacidad, la seguridad, la transparencia y la supervisión humana deben formar parte de cualquier estrategia de incorporación de inteligencia artificial.

Especialmente en organizaciones que gestionan información sensible o prestan servicios a la ciudadanía, utilizar IA no consiste únicamente en conseguir resultados más rápidos. También implica garantizar que esos resultados se obtienen de una manera adecuada y responsable.

El verdadero cambio puede estar en lo que hacemos con nuestro tiempo

La verdadera transformación no ocurre cuando una máquina aprende a hacer lo que hacía una persona, sino cuando las personas descubren qué pueden hacer mejor gracias a esa máquina.

En Aeioros Servicios entendemos la inteligencia artificial como una oportunidad para transformar procesos y mejorar la forma en la que las organizaciones trabajan, siempre partiendo de necesidades concretas y teniendo en cuenta el contexto en el que se aplicará cada solución.

La tecnología puede asumir determinadas tareas, facilitar el análisis de información y ayudar a automatizar procesos, pero su verdadero valor aparece cuando permite que las personas puedan dedicar más tiempo a aquello en lo que realmente aportan valor. Y quizá ahí esté una de las claves para entender el impacto de la inteligencia artificial.